El conflicto en Barrancabermeja ha tenido muchos y diversos matices; en muchas ocasiones los actores armados se han pasado de un grupo a otro y mucha gente tambien ha sido estigmatizada por uno o por otros grupo, sin embargo los liderazgos siguen y en terminados momentos las actividades de algunos liderazgos sean visto involucradas o mezcladas con las acciones de los grupos armados; por ottro lado aun se siguen sitios como el parque Camilo torres, sigue sindo un lugar de encuentro del movimiento social y un sitio de protesta y de congragacion tambien muchos actos culturales.    Ver más

LUCHO ARANGO MAS QUE UN PESCADOR

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Historia de Vida de una mujer guerrera: Nelida Ayala

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    Video de Cierre diplomado de gestores de memoria y paz, Diciembre 2 de 2015 Hotel Pipaton Barrancabermeja

    • Publicado el 17 dic. 2015

    La diócesis de Barrancabermeja proporcionó a las familias de las víctimas sitios en el cementerio el jardín del silencio, donde hoy se encuentran descansando ocho los restos de los familiares que fueron encontrados.

    Foto: Caldwell Manners/ECAP

    Luz Almanza, de 48 años, posa con una foto de su esposo, Ricky Nelson García. Reflexionando sobre lo que la impulsa, ella dice: "Lo que a mi me pasó es poco para lo que le ha pasado a la gente en la región. Uno se queda aterrado. Esas son las energías que uno tiene para seguir adelante."

    Foto: Caldwell Manners/ECAP

    “Hoy después de 20 años yo no tengo odio ni rencor. Lo que tengo es un sentimiento de indignación contra el estado por lo que pasó, cómo pasó, y cómo ha asumido entre comillas su responsabilidad - cuando es total la responsabilidad del estado en la masacre.” Jaime Peña posa debajo de la imagen y el arte de su hijo, Jaime Yesid Peña.

    Foto: Caldwell Manners/ECAP

    La puerta del patio atrás en la casa de Rocío Campos fue colocada por su hermano, Daniel Campos, unas horas antes de su desaparición. “Cuando estoy angustiada, tengo dificultades, no con mi familia sino en el trabajo - porque a veces los mismos contextos lo ponen a uno en aprietos. Yo me regocijo contra la puerta y empiezo a hablar con él. A decirle, ‘Así como esta puerta se ha mantenido, porque usted fue el que la colocó así mismo me tienes que mantener a mi de pie. No me tienes que dejar caer. No me tienes que dejar quebrantar.’”

    Foto: Caldwell Manners/ECAP

    Rocio Campos presenta imágenes de su hermano que a menudo lleva consigo.

    Foto: Caldwell Manners/ECAP

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    “Estamos Peleando con el Monstruo más Grande que es el Gobierno”

    POR CALDWELL MANNERS, EQUIPOS CRISTIANOS DE ACCIÓN POR LA PAZ

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    Luz Almanza, Jaime Peña y Rocío Campos tienen más en común que solo vivir alrededor de la misma cancha de fútbol, el sitio de una de las masacres más terribles de Colombia. El 16 de mayo de 1998, cada uno de lxs tres perdieron un miembro de la familia en la masacre. Su resistencia a la impunidad del estado y organizándose en la búsqueda de los desaparecidos es lo que les une.

    Durante poco más de una hora, en el sureste de la Comuna 7 de Barrancabermeja, cuarenta hombres armados, una mezcla de paramilitares, policía, inteligencia estatal (DAS) y militares mataron a siete personas y desaparecieron 25. Las Autodefensas Unidas de Santander y Cesar (AUSAC), un grupo paramilitar regional, llevaron a cabo una masacre coordinada para purgar la ciudad de los guerrilleros y sus llamados simpatizantes, lo que marcó el comienzo de la toma paramilitar de la capital petrolera.

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    Lxs tres recuentan sentir menos ansiedad cuando vieron a las fuerzas armadas estatales. Ellxs suponían que era una operación de búsqueda, una ocurrencia común en una zona controlada por grupos guerrilleros en aquel momento. Almanza recuerda llamar a un oficial que llevaba un chaleco y brazalete del DAS cuando les vio maltratar a un hombre, "Señor, ¿por qué señor, por qué ese atropello con la comunidad?" Dándose la vuelta, respondió: "déntrese antes que le pase algo", dejándola en un estado de sorpresa.

    "Nunca imaginé que fuera a suceder eso en compañía de la fuerza pública," dice, obviamente todavía dolida después de 20 años.

    Almanza estaba en el bazar para recaudar fondos, en el rincón norte de la cancha de fútbol. Los hombres armados rodearon la cancha desde las 9:20 p.m. y comenzaron a llevar a la gente de las tiendas y puestos de venta de los alrededores a la cancha. Mario Jaimes Mejía, un comandante paramilitar, también conocido como "El Panadero," se paró en medio de la cancha y comenzó a gritar, "Partida de guerrilleros hijueputas, hoy se mueren todos, les llegó la guerra!"

    Luego ordenó que alrededor de 100 personas ponerse boca abajo y los hombres enmascarados comenzaron a señalar a los presuntos miembros de la guerrilla y subirles a uno de los dos camiones. Pedro Julio Rendón se negó a cooperar y fue degollado al instante.

    Viendo esa brutalidad, Almanza recuerda, "Me asusté, entonces la policía nos está matando, el ejército nos está matando."

    Ella comenzó a darle refugio a personas en su casa cerca del lugar y siguió pensando para sí: "Esa era mi tranquilidad, porque [mi esposo] no estaba aquí, mi familia, mis hermanos tampoco habían venido ese día al bazar." Pero justo cuando llegó a su casa le dijeron que el grupo paramilitar había llevado a su esposo, Ricky Nelson García, de su taller de motos.

    "Dios mío que no vaya a pasar nada malo," pensó mientras corría hacia al taller y pasaba al lado del camión en el cual estaban cargando gente cerca el taller.

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    A la vuelta de la esquina, Jaime Peña se había acostado justo después de mirar una telenovela con su familia. Su hijo, Jaime Yesid Peña de 16 años, estaba en el patio delantero con sus amigos. De repente fue despertado por un perro ladrando. "Me impresionó la forma en que ladraba," el padre recuerda. "Yo me levanté y desde la puerta veo como va mi hijo y a un tipo detrás de él apuntándole con un fusil por la espalda. Yo desde aquí le gritó, 'oye, Yesid ¿que pasa?' El intentó responderme pero el tipo no le permitió porque le metió el fusil por la espalda y lo empujó."

    El comandante de la base militar local, Nueva Granada, emitió la Orden Nº 100, una orden para instalar un retén de control militar a pocas cuadras de distancia en un lugar conocido como "El Retén." La orden se basaba en la inteligencia de una amenaza de una incursión paramilitar. El retén fue instalado a las 6.00 de la mañana del 16 de mayo y se suponía que debía ser permanecer 24 horas. Durante el día, la policía y los militares patrullaban la zona con regularidad. Sin razón, el retén fue retirado a las 9:00 p.m. y la incursión paramilitar comenzó a las 9:30 p.m. En un testimonio legal posterior, se descubrió que la policía había permitido que la masacre se llevará a cabo bajo la condición de que AUSAC no dejará muertos en la ciudad.

    "Yo en ese momento pensé que era la fuerza pública ya que todo el día hubo ese movimiento," recuerda Peña.

    "Yo voy a la cancha de fútbol y lo reclamó," el pensó. "Están pidiendo papeles, mi hijo es menor de edad, es un estudiante."

    Mientras Peña corría hacia la cancha de fútbol, vio el camión y los hombres armados, y uno de ellos tenía las letras "DAS" inscritos en la parte posterior de su chaleco. "Con eso yo me reafirmo de que era la fuerza pública" recordó. Oyó que alguien había sido degollado y que los hombres armados eran los Masetos, un grupo paramilitar de la región, también conocido como AUSAC.

    "Yo pensé que ojalá no fuera mi hijo," Peña dice. "Cuando llegue a el lugar donde está el muchacho degollado, me agacho y miro que no era mi hijo."

    Al tiempo que corría de regreso a despertar a su esposa, oyó una ráfaga de disparos en la distancia cuando un vecino le gritó, "A su hijo como lo golpearon para subirlo al camión."

    ***

    A una cuadra de los disparos, Daniel Campos se preparaba para enseñar Vals para una quinceañera y había ido a un salón de billar vecino para rebobinar un casete. Rocío Campos, su hermana estaba a un par de casas más abajo en la calle cuando escuchó gritar hermano, "¿Por qué me empuja, no me empuje si yo no he hecho nada, mire tengo mis papeles aquí."

    Campos estaba confundida. Alcanzó a ver a una persona armada con un chaleco DAS cuando su cuñado cerró las puertas y ventanas.

    Ella le gritó, "¿Pero por qué cierras, si esa la voz de Daniel?"

    "No, no salgan," dijo el cuñado. "No salgan, hay unos manes todos raros, sí ese es Daniel pero no sabemos."

    Logró gritar por la ventana, "Suéltalo malparido!" En ese momento, el captor de Daniel lo golpeó con la culata de la pistola en la nuca, tirándolo al suelo. Este fue el "peor dolor", verlo "golpeado injustamente", y escuchar a su hermano decir: "No me pegue que yo no he hecho nada."

    El propietario del billar, había tratado de ocultar a Daniel, pero él mismo se vio obligado a arrodillarse con el fusil atascado en su boca.

    Estos fueron los últimos momentos que Luz Almanza, Jaime Peña y Rocío Campos vieron a su esposo, hijo y hermano.

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    Siendo las 10.20 p.m. los hombres armados se habían ido y las familias de las víctimas comenzaron su búsqueda. Peña fue a la estación de Policía donde comenzó a relatar el incidente cuando sonó el teléfono. El oficial respondió: "Sí mi comandante, todo bajo control no hay novedad … nos fuimos porque no había nada que hacer."

    Almanza, tomó una moto y se dirigió a una de las dos bases militares, a 150 metros de distancia para pedir ayuda. "Me respondió que ellos no tenían autorización para salir [de la base]."

    Campos, junto con su madre fue a la estación de policía donde les dijeron: "Aquí no han traído gente señora, mejor espere que mañana amanece carne fresca en la Foronda." La Foronda fue una funeraria popular, ya que sirvió a todos, incluso a los más pobres.

    A raíz de la masacre, Barrancabermeja cambió. Miles de personas salieron a las calles para exigir el regreso de lxs 25 desaparecidxs. Junto con la Unión Sindical Obrera (USO), la Coordinadora Popular y otras organizaciones de derechos humanos, la ciudad fue cerrada obligando al gobierno a responder a las demandas del pueblo. El cierre de Ecopetrol, la mayor refinería de petróleo del país casi paralizó al país.

    Los testigos y testimonios judiciales indican que la masacre tuvo lugar entre dos bases militares con la planeación y el apoyo de la policía, el ejército y el DAS. "Los autores materiales están presos, pero los autores intelectuales dónde están?," preguntó Peña. "Las reuniones con los paramilitares se hacían en el barrio el Rosario dentro de ecopetrol y que varios de los principales comerciantes de la ciudad aportaban una cuota mensual a los paramilitares para el mantenimiento de ese proyecto."

    La lucha contra la impunidad del estado ha sido costosa. Almanza no quería tener nada que ver con el conflicto." Me frustré mucho y no quería salir para ningún lado," dice. "Los que salieron a las marchas y las protestas fueron mi suegro y cuñadas." Dos años más tarde, fue asesinado su suegro. Él le dijo: "Mija si a mi me llega a pasar algo, luche por encontrar a mi hijo, no me lo deje botado por allá donde lo dejaron tirado. Luche para encontrarlo."

    Para Campos, exigir respuestas le quitó su pareja - un fenómeno de la injusticia impuesta sobre lxs defensorxs de derechos humanos que son empujadxs a elegir entre la familia y la lucha. "Él [mi ex marido] me dijo que tenía que elegir entre mi hogar y mi hermano," dice Campos. "Le dije que no. Lo siento, pero conocí a mi hermano primero. Él es mi sangre. Si va a ser de esta manera, prefiero estar sola porque tengo el apoyo de mi familia."

    "Era un precio muy grande pero nunca me he arrepentido ni me arrepiento," Campos reflexiona. "Siempre le pido a Dios, siempre de poder encontrar así sea un huesito, así sea el del meñique que es el más chiquito. Pero por lo menos eso va a ser parte de mi sanación y de mi reparación."

    Peña tiene medidas de protección del estado. Viajando a La Habana, Cuba, para representar a las víctimas del conflicto armado durante las negociaciones de paz entre las FARC-EP y el gobierno recibió llamadas telefónicas amenazantes en su habitación de hotel, a pesar de que nadie sabía dónde estaba alojado. Continuó a declarar, "Yo no era una víctima de las FARC, soy una víctima de crímenes de estado."

    La masacre marcó el inicio de la toma paramilitar de la ciudad. Con masacres en 1999 y 2000, para el fin del año tenían el control total de la ciudad. La brutalidad de la matanza no era solo diseñado para garantizar el control territorial y de recursos, pero para romper el tejido social y los sectores populares fuertemente organizados de la ciudad a través del terror.

    A pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado como uno de los actores principales de la masacre y la declararon "crimen de lesa humanidad", de acuerdo con el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, ha sido imposible obtener justicia.

    Los restos de Ricky Nelson García fueron hallados en una exhumación realizada por la Fiscalía en 2008 y entregados a Almanza.

    "Yo hablo con rabia y rencor," dice Almanza. "A mi cuando me hablan del tema de 'reconciliación', yo todavía no me hallo en esa palabra de reconciliarme. Hasta que no haya una verdad de los victimarios y una justicia, yo no puedo hablar de reconciliación y de perdón."

    "Estamos peleando con el monstruo más grande que es el gobierno," dice Almanza. "El Estado que tiene mucho poder y que en cualquier momento nos puede asesinar también - quitar la vida."

    17 personas siguen desaparecidas. Jaime Yesid Peña y Daniel Campos están entre ellos.